Cadista de opinión

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Cádiz está otra vez situada en el mapa del fútbol profesional. El mago Álvaro Cervera hizo de un cementerio una fiesta en el Holiday y convirtió las derrotas en victorias, la pena en alegría y la decepción en confianza. Cogió a una plantilla muerta en vida para hacerla creer hasta la muerte, y aun así se le criticó.


Cádiz está otra vez arriba. Se habla de su fútbol y el ‘submarino amarillo’ dejó de escucharse en el panorama nacional para referirse solo al Villarreal. Cervera erigió un fortín en Carranza y una emboscada continua a domicilio. Y se le criticó.


Y se le critica. Como a Claudio Barragán, Raúl Agné o Javi Gracia. Como a Kiko Casilla, Raúl Albentosa o Alfredo Ortuño. Cádiz, capital del paro y de la crítica, sabia del carnaval y devota de la Semana Santa. Reina de la protesta, siempre desde el sofá. La ciudad se ahoga, su equipo triunfa. Y se le critica.


La cuna del arte, la más antigua de Occidente. Cádiz, llena de expertos en opinar sin aportar, en destruir sin construir. Su equipo vuelve a tener las miras altas, pero sus cadistas de opinión, que casualmente suelen ser aquellos que no son abonados, no fallan a la hora de sacar a relucir lo negativo.


Cádiz, la amiga de lo foráneo, la demoledora de lo propio, disfruta cuando mira la clasificación de Segunda División. Pero disfruta, tanto o más, destruyendo aquello que tantos años costó crear y construir.

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