Los fantasmas...

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Como cada noche, cerca de las 00:00 y una vez tomado mi vaso de leche, una costumbre de la adolescencia que aún arrastro hoy día, me dispongo a dormir.


Enchufo mi móvil a la corriente y compruebo que el despertador está activado, para no quedarme dormido y no llegar tarde al trabajo, me acomodo en la cama, casi siempre mirando hacia arriba, cierro los ojos y aspiro poner mi mente en blanco y no pensar en nada, espero despejar mi mente, atormentada y traicionera, todo lo que pueda, para olvidar de alguna manera a esos fantasmas.


Cada día hablo con un fantasma. Maldito fantasma que perfora mi mente ininterrumpida e incansablemente, como el segundero de un reloj. Tengo conversaciones con ella, a veces son románticas, otras tormentosas, la gran mayoría tristes y melancólicas, pero siempre no recibo respuesta alguna…


Fantasma tu sabes que hasta el sol tiene sus manchas y sabes que tenemos tanto de que hablar. Lucharé como una fiera y no pienso renunciar a nada en esta vida, no hay fantasma que me pueda, porque sigo siendo el mismo hombre con algunos años más, pero con la ilusión de un niño.


Dentro de días no quiero regalos, no los quiero. Si te importo dame esa razón para elegir otro momento. Palabras bonitas, prefiero recuerdos. Si de verdad piensas de mí lo que me dices, concédeme el honor de conocer tu pasado, y así comprender tu presente. Pero no me pongas excusas. Dime las cosas como las piensas, como las sientes. Señalamos fechas para justificar acciones, pero las acciones se justifican con sentimientos y pensamientos. Perdemos sinceridad al hablar de los sentimientos. Pero así vivimos, entre excusas y disculpas, entre odio y envidia, entre cariño y amor, entre cada rincón de mentes no correspondidas. Somos sueños colectivos que el tiempo no cambia.


Fantasma sabes que no hay nada imposible, porque los sueños de ayer son las esperanzas de hoy y pueden convertirse en realidad mañana. Así yo duermo tranquilo y al final ese fantasma de cada noche se transforma en un fantasma el que ha corrido los cerrojos tratando de reírse de sus propios temores. Ya que dejé esa puerta abierta anoche y me la he encontrado cerrada esta mañana otra vez más y no dijo una palabra.




Javier Taboas.

Director de Objetivo Cádiz.

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