Entre la leyenda y la realidad más misteriosa.

El 'fantasma' del árbol de los peluches

El viejo ficus se ha convertido en ese lugar donde muchos osos de peluche han encontrado su segunda oportunidad.
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El investigador sevillano José Manuel García Bautista narra una historia llamativa sobre un árbol adornado con peluches que se puede visitar en Sevilla. Cuenta una moderna leyenda urbana sevillana que en la popular barriada de Pino Montano existe un árbol en el que se depositan osos de peluche, le llaman “el árbol de peluche” y cuando se comprueba la cantidad de ositos y muñecos de peluche que tiene en sus ramas comprueba lo acertado del nombre.



Esa misma leyenda urbana dice que se ponen allí en honor a un niño que murió, en ese mismo lugar, y que por las noches llora al encontrarse solo, los que han tenido la oportunidad de escucharlo, al no saber cómo calmarlo, le pusieron un primero osito de peluche y el llanto cesó pero cada vez que se escucha el llanto de nuevo quiere que se le lleve un nuevo muñeco y así hasta ir colmando cada palmo de este frondoso árbol. Aquel desdichado niño habría fallecido en la calle Agricultores, en el mismo barrio, en un accidente, frente al parque de bomberos de la zona y su fantasma rondaría por allí por el apego que aún siente hacia el lugar sembrando el temor entre los niños del barrio cuyos padres, al pasar bajo sus ramas y comprobar como llama la atención del niño, le cuentan esta trágica historia.



Pero García Bautista revela la verdad: tan trágica como irreal, por eso señalarla como leyenda urbana pues su historia, si cabe, es aún más hermosa. El “árbol de los peluches” debe su nombre a una iniciativa en 2014, cuando en el desempeño de su trabajo en una emergencia los bomberos encuentran un enorme osito de peluche, un perezoso que es subido al camión y llevado al parque de bomberos. Días después, en unas prácticas, el oso el subido a las ramas del árbol. Pasaron los días y una señora mayor se disponía a tirar un perro de peluche a la basura así que un bombero, llamado Javier Roda, decidió subirlo a la rama del árbol y que se hicieran compañía el uno al otro. De esa forma, al estar es una zona de paso, el árbol era señalado por los niños que veían allí aquellos osos y comenzaron a llevar otros osos al lugar siendo un lugar ya de obligada visita en el barrio. Hoy tiene todo tipo de osos, a cual más llamativo y muchos ciudadanos que se preguntan la razón de esta curiosa “costumbre”.



El viejo ficus se ha convertido en ese lugar donde muchos osos de peluche han encontrado su segunda oportunidad ya que personas sin recursos han tomado algunos de esos osos para sus niños y han logrado un poco de felicidad.


Son las cosas de Sevilla, una ciudad donde florecen modernos mitos tan bellos como el del “árbol de peluche”.

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