¿Qué ha pasado en el 7x04 episodio de 'Juego de Tronos'?

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Avanza la séptima temporada de Juego de Tronos y llegamos al cuarto episodio, 'Botín de Guerra', ecuador del curso y que iguala un poco las cosas en el campo de batalla: Cersei se las prometía muy felices pero Daenerys remonta, que para eso cuenta con tres lanzallamas volantes. 


La batalla centra el episodio: de un lado, las tropas comandadas por Jaime Lannister que marchan de vuelta a Desembarco del Rey, satisfechos por la victoria y con el bolsillo lleno para pagar deudas. Junto a Jaime, uno de los mejores secundarios y superviviente con mayúsculas, Bronn de Aguasnegras. Ojo con él. Frustrada por los acontecimientos, Daenerys se muerde las uñas en Rocadragón Zumaia, con charla incluida a Tyrion por su incompetencia táctica y encuentro fugaz con Jon Snow. Algo se va cociendo entre ambos. 


¿Qué pasó en esa cueva? Por cierto, qué bien pintaban los prehistóricos a los caminantes blancos. Umm. Así que la Targaryen, harta de esperar, toma la iniciativa y vuela al encuentro de las tropas de los Lannister a lomos de Drogon, que de una pasada calcina la mitad de las huestes rivales y sitúa las tablas en la mesa. El resto del trabajo lo hacen los dothraki, dejando a Jaime con un palmo de narices. Menos mal que todavía le queda Bronn, que se las arregla para abatir (que no matar) a la mascota de Daenerys y dejar a la reina en tierra firme y desvalida, un sueño hecho realidad para el Lannister de la mano dorada, que galopa hacia ella lanza en ristre... 


Lejos, muy lejos de allí, y a la espera de los que siempre parece que están llegando a paso tortuga, se produce el 'gran' reencuentro fraternal de los Stark: el primer abrazo de Arya y Sansa, helado; el segundo, algo más cálido; el de Arya con Bran, gélido. El joven aspirante a vidente está ya a otra cosa. Otro por cierto: esa mirada de Sansa a Arya al verla apañarse con la espada y desarmar a la mismísima Lady Brienne.


¿Mal rollo a la vista entre hermanas? ... y por último, esa escena final, ese Jaime Lannister listo para rematar a Daenerys, ese dragón yaciente pero aún con chispa y ese héroe anónimo que evita que Jaime se chamusque pero no que se hunda en el agua por el peso de su armadura. Y así, cual Di Caprio en Titanic, se va al fondo del agua mientras, como todos temíamos, emergen los títulos de crédito.



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