La Academia de Hollywood homenajea a las pioneras del cine de animación

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De directoras a animadoras pasando por coloristas, guionistas y actrices de doblaje, la Academia de Hollywood rindió este martes homenaje a las mujeres pioneras del cine de animación con un acto celebrado en el teatro Samuel Goldwyn de Beverly Hills en Los Ángeles. 


Bajo el título Una historia invisible: mujeres pioneras en la animación, la Academia reunió sobre el escenario a quince profesionales de esta industria con perfiles que iban desde grandes veteranas que abrieron los primeros senderos para las mujeres en este cine hasta jóvenes que despuntan en la actualidad. En su introducción al acto, la presidenta de la Academia de Hollywood, Cheryl Boone Isaacs, calificó de "heroínas" a estas pioneras de la animación, cuya labor ha sido durante mucho tiempo "tristemente invisible". 


Añadió que con este tipo de homenajes no se trata de reescribir la historia sino de "recuperar" su propia historia, la que les pertenece. Cheryl Boone Isaacs también pidió a las figuras del cine de animación que apuesten por la diversidad: "La inclusión no solo es lo correcto sino que es lo más inteligente". 


El evento comenzó con un minucioso repaso, como si fuera una clase magistral, de la labor de las mujeres en el cine de animación a cargo de la historiadora Mindy Johnson. En su ponencia mostró la enorme importancia de las mujeres en apartados técnicos desde los inicios de la animación que hicieron posibles, por ejemplo, las tentativas animadas con fotogramas coloreados a mano de Le Farfalle (1907) o La Poule Aux Oeufs d'Or (1905).


Más allá de los equipos técnicos, casi siempre relegados a la sombra, Johnson subrayó que, poco a poco, las mujeres comenzaron a copar puestos de gran importancia como la visionaria Lotte Reiniger (Die Abenteur des Prinzen Achmed, 1926) y otras talentosas mujeres como Claire Parker, Mary Ellen Bute o Hermína Týrlová.


No obstante, la historiadora insistió en la maestría que fueron adquiriendo las mujeres que se encargaban del duro trabajo de la animación artesanal, ya fuera con la deslumbrante paleta de colores de Snow White and the Seven Dwarfs (1937) o con la "sensibilidad" y el "gusto" de Fantasia (1940). 





Posteriormente fue el turno para que expertas en el arte de la animación cinematográfica describieran sus experiencias profesionales ante el público del teatro Samuel Goldwyn. Así, Enid Denbo Wizig, que en los años 40 trabajó en las historietas de Looney Tunes, explicó que su tarea no consistía solo en dibujar sino en "dibujar con sentimientos".


"Era la primera película en la que trabajaba y nunca olvidaré esos naipes", dijo, entre risas, Carmen Sanderson acerca de los complejos movimientos del ejército formado por una baraja del clásico Alice in Wonderland (1951). También hubo espacio para las innovadoras en el cine de animación digital como Tina Price, que recordó sus inicios en ese campo cuando los ordenadores tenían el tamaño "de un Volkswagen". 


Por su parte, la animadora Patty Peraza recordó que no solo era "la única mujer en su departamento" sino también "la única mujer en su sección". Finalmente, Bonnie Arnold, productora de toda una joya del género como Toy Story (1995), subrayó que el cine digital de animación "no está hecho por ordenadores" sino por "artistas que usan ordenadores". 


"Creo que estamos en el buen camino", aseguró además Arnold al contestar a una pregunta sobre el futuro de las mujeres en el cine de animación, en una respuesta en la que citó la presencia de numerosas estudiantes en los centros formativos y el cada vez mayor éxito de las profesionales en los campos artísticos, tecnológicos y de producción.






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