Sin mascara y sencillo...

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Todos vivimos en sociedad, nadie puede vivir en una cueva aislado. Estamos rodeados de todo tipo de personas: familia, conocIdos, buenos amigos, amigos falsos y gente envidiosa e hipócrita que viven una doble vida. Por suerte no todos son así.


Tenemos que vivir en alerta constante porque nunca sabemos las verdaderas intenciones de las personas y menos como está el mundo hoy día. Que te venden un abrigo en pleno mes de agosto. No sabemos quién se interesa sinceramente por nosotros y quiénes lo hacen solo para enterarse de nuestros problemas y luego fogarse de ello.


En la lucha diaria no esperemos unas palmaditas en la espalda de ánimo, pero hay que seguir para delante. Aunque recibamos bofetones y nos encontremos con desilusiones, hay que seguir hacia delante y luchar por nuestros sueños.


El arte de la bondad es un bien escaso, pero más común de lo que creemos. No todos somos buenos y malos en nuestra totalidad, en nuestro interior damos cabida a todo. Además, todo depende del cristal del que se mire.


Las buenas personas tienen un sentido de justicia y del bien que es especial. Por ello, sus palabras siempre son esperanzadoras y, si tienen que elegir, nos darán una lección de vida. Son personas íntegraa que van más allá de las obligaciones morales y siempre tienden su mano para ayudar. Hacen lo correcto aunque nadie les esté mirando y eso es lo que les hace más valiosas.


No hagamos lo que no nos gustaría que nos hiciesen a nosotros. Mantengamos un equilibrio emocional, conozcámonos y no permitamos que nuestras vidas se llene de incoherencia. Pagar con la misma moneda no nos hará feliz. Es más, esa moneda nos puede ser devuelta en cualquier momento.


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