¿Qué ha pasado en el 7x05 episodio de 'Juego de Tronos'?

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Después de la tormenta llega la calma...que precederá a la tormenta definitiva. Llegamos al quinto episodio de 'Juego de Tronos' sin uñas tras la barbacoa de Drogon a Jaime Lannister y topamos con casi una hora de metraje que dice mucho más de lo que parece. Esas palabras, esas caricias de hocico, esas miradas... 


Vamos al asunto. Jaime está vivo...y calado. Sí, al final Bronn llegó a tiempo para evitar que su amigo-amo-pagador quedara chamuscado por el aliento de Drogon. Lannister inicia el camino de vuelta a Desembarco del Rey, raudo para contarle a su hermana-amante-reina que ante la Targaryen hay poco que hacer. Detrás, abandona los restos de un ejército a merced de Daenerys, que les ofrece dos opciones: rodilla al suelo y lealtad a su casa o muerte por fuego de dragón. 


Apenas unos pocos se mantienen en pie, como los Tarly, Randyll padre y Dickon hijo, que mantienen firme su orgullo. Su destino queda sellado: cenizas. Un amor a fuego lento, muy lento. De vuelta a casa, la madre de los dragones aterriza en los acantilados de Rocadragón de Gaztelugatxe. En la puerta de llegadas le espera Jon Snow, que se acerca a Drogon y se atreve a acariciar su hocico. El bicharraco, sumiso y dócil, parece reconocerlo y permite sus mimos, mientras Daenerys contempla todo ojiplática. 


El momento tierno lo rompe Jorah Mormont, ya recuperado y de nuevo a los pies de su amor imposible. En el cónclave posterior hay reparto de misiones: Tyrion y Davos marchan en busca de Jaime para intentar convencer a Cersei de la existencia del ejército de los muertos. ¿Y qué mejor prueba de ello que llevarle un caminante en carne propia? De ellos se encargarán varios: Jon, Jorah y, ya después, Gendry, Tormund y...el Perro, que andaba apresado en Invernalia y, cuando hay que matar, se apunta el primero. Eso sí, no le pidas una sonrisa. 


Por cierto, no hay reencuentro con Arya, aún. La nueva despedida entre reina y rey dejará una Daenerys cada vez más...encaprichada y un Jon algo frío. Será la sangre caliente de una y la gélida del otro... 


Una de espías. En Invernalia todo se cuece despacito. Las visiones de Bran llegan hasta la marcha masiva de caminantes blancos rumbo al Muro, mientras las intrigas se multiplican: Arya se enfada con Sansa por no defender a Jon de la desconfianza de los irritados norteños, que cuchichean por lo bajini con Meñique, seguido y vigilado muy de cerca por Arya, seguida y vigilada muy de cerca por Meñique. Imposible fiarte de nadie ahí dentro. Hermanos y padres. A hurtadillas consiguen Tyrion y Davos llegar a Desembarco del Rey. 


Allí pone cada uno rumbo a su misión: el Lannister se cita con Jaime para intentar convencerlo de la necesidad de firmar una tregua para ocuparse todos juntos del ejército de los muertos. Davos, mientras, recupera para la causa un personaje olvidado, Gendry, el herrero que vuelve a la aventura. Casi convencido por su hermano de la necesidad de la coalición imposible, Jaime prueba a hacerlo con su hermana, obsesionada por mantener el poder y derrotar a todo enemigo viviente: "Por nosotros, por nuestra causa, por esto", concluye Cersei llevándose sus manos a la tripa. Y la reina esta vez tiene claro que no ocultará que su hermano es el padre del hijo que viene. 


Sam se va. Harto de intentar convencer a los maestres de la que se avecina e ignorante de la suerte que han corrido su padre y su hermano, Sam roba varios libros, coge el petate y abandona la Ciudadela acompañado de Gilly. Ella, ávida aprendiz de lectora, recita pasajes una y otra vez para hartazgo de Sam, que apenas presta atención a la historia que le cuenta sobre la anulación de un matrimonio de un tal príncipe 'Ragger' con una mujer de Dorne. ¡Ojo al dato!



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