La Alameda de Apodaca

Pequeña reseña de la Alameda de Apodaca de Cádiz.
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Pequeña reseña de la Alameda de Apodaca, recibe este nombre la parte del recinto convertida en amenos jardines, comprendida entre la calle Fermín Salvochea y la de Ustariz. Hasta el 17 de Junio de 1856 se le conocía solamente por Alameda fecha en que se le agrega el nombre de Apodaca. Varias transformaciones han sufrido este paseo, el más antiguo y uno de los más bellos de Cádiz. Antiguamente se conocían estos terreno por “Caletilla de Rota” formando parte del Campo de la Jara. Antes de existir la muralla, aunque a bastante altura sobre el nivel del mar, podía bajarse por las escabrosidades o veredas hasta la pequeña cala o caleta, donde estuvieron situados los baños del Carmen.



El origen de este paseo, según D. Adolfo de Castro, fue que en el año 1617 acordó el Ayuntamiento establecer una fuente en la plaza de la Corredera (hoy de San Juan de Dios); para abastecerla de agua fue necesario abrir unos pozos los cuales fueron cercados por un muro, y en sus inmediaciones se plantaron álamos y parras para ocio y recreo el público. Llega a tomar tal importancia este paseo que el día 26 de Diciembre de 1621 se crea el destino de Alcaide de la Jara y Guarda de la Alameda.

La primitiva alameda tenía mayor espacio o anchura por estar distantes las casa, las continuas edificaciones llevadas a cabo hicieron que fuese estrechándose las distancias, hasta que por los años 1750 a 1754 el teniente D. Juan de Villalba dedicó preferente cuidado a la formación de una nueva alameda, prohibiendo para siempre el avance o construcción de nuevas casas. Al final de los edificios y por la parte de poniente (frente a la Iglesia del Carmen) hizo trasladar la estatua y fuente de Hércules que existía en la plaza de la Corredera, formando un pequeño jardín. Este desapareció después, lo mismo que la fuente, sustituyéndola por la estatua de Lucio C. Columela, procedente de la plaza de la Constitución. Después fue quitada de este lugar y colocada en una hornacina que se le formó en el antiguo jardín de las Delicias. Carecía de valor artístico. El paseo, en principio. Lo formaban tres hileras de árboles, después se construyó el salón alto, llamado de Cristina, en honor de la Reina Gobernadora, empezando las obras en 1836, siendo Alcalde D. Ángel María Castriciones, y se terminó en 1843 por D Javier de Urrutia. En esos trabajos se ocuparon a los deportados carlistas, que habían sido recluido en nuestra ciudad; formaba un espacioso y bello salón con cuatro entradas y escalinatas de mármol; adornaban estas entradas altos pedestales, también de mármol que sustentaban estatuas de escaso mérito y valor. A cada uno de los lados existentes había dos jardines más bajos que el pavimento del paseo con cómodos asientos de mármol y glorietas circulares, desde las cuales se observaba la hermosa perspectivas del mar.

Comprendía este paseo y después de cruzar un pequeño cuadrado de pavimento asfaltado, se entraba en el salón bajo, que terminaba casi en la misma alineación de la calle Buenos Aires. Más estrecho que el anterior, se componía de dos largos jardines, encerrados en altas verjas de hierro con dos soportes de piedras, apoyados en un asiento corrido a lo largo de todo lo alto del paseo, de hermosas vistas aunque de triste aspecto.

Ambos paseos o salones, como vulgarmente se le llamaba, fueron reformados al gusto moderno entre los años 1893 a 1895, desapareciendo las verjas y asientos, quedando los jardines transformados a la inglesa.

El pequeño montículo que existe próximo a la calle Buenos Aires hasta la de Fermín Salvochea, no ha sufrido grandes variaciones a así aparece en grabados antiguos; solo fueron sustituidas las hileras de asientos de piedras con respaldos de hierro por los actuales, que fueron colocados en el año 1893.

El nombre de Apodaca se le dio a estos sitios en recuerdo y gratitud al Ilustre Almirante de la Armada D. Juan Ruiz de Apodaca y Elíseo, Conde de Venadito, título que le fue concedido por la pacificación de Nueva España (México), en donde conocido sus dotes militares y diplomáticas fue investido con el alto cargo de Virrey. Desde que tomó posesión del mismo, consiguió grandes ventajas sobre los insurrectos, no sin sostener continuo combates; a la vez y sin desatender la guerra, reorganizaba la Administración y la Hacienda, consiguiendo dejar extinguida la insurrección antes de los seis meses de su mandato.




Este distinguido marino nació en Cádiz, el 5 de Diciembre de 1753, haciendo rápida y brillante carrera que le permitió llegar en 1830 a Capitán General de la Armada. En la isla de Cuba, cuyo mando superior también desempeñó, dejó gratos recuerdos, y en su honor existe una calle llamada de Apodaca. Proclamada la Constitución en la Península en 1820, y obligando a proclamarla en México, vaticinó la perdida de las Colonias; levantado en armas el país, nuevamente se encendió la lucha, y con la traición de Iturbide y otros jefes españoles se convenció que aquella era imposible y volvió a España, donde obtuvo otros elevados cargos. En 1823 fue elegido por la ciudad de Cádiz, en unión del Marqués de Casa Irujo, para solicitar la concesión del puerto franco, lo que lograron por su prestigio e influencia, mereciendo el agradecimiento de la Ciudad. Falleció a los 81 años, el día 11 de Enero de 1835. De este elevado prócer descienden el General Auditor de Marina D. José Varcarcel y Ruiz de Apodaca, el Gobernador Civil que fue de esta provincia D. Fernando de Gabriel y Ruiz de Apodaca, y otros distinguidos oficiales de la Marina de Guerra.

Entre los dos tramos de la Alameda se encuentra el monumento al Marqués de Comillas, que fue realizado por el escultor Antonio Parera y se costeó por una suscripción hispanoamericana. La primera piedra se colocó el 9 de Octubre de 1919 y se inauguró el 12 de Octubre de 1922. Tiene una cripta, donde estuvo instalada una biblioteca hispanoamericana y que hoy no se utiliza. Allí se colocó la estatua de Lucio Balbo que estuvo en San Antonio.

El Marqués de Comillas, Claudio López Bru, nació en Barcelona, en 1853 y fue gerente de la Compañía Trasatlántica, falleciendo en 1925. 

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